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Ópera Actual

Lourdes Morgades

ÓA 238: Michael Fabiano será Riccardo en ‘Un ballo in maschera’ en el Teatro Real

Ópera Actual

El 12 de marzo cantó en la Staatsoper de Berlín una ópera sin público y emitida en streaming, antes del cierre de los teatros a causa de la pandemia de la Covid-19. Ha sido de los primeros en volver a subir a un escenario para cantar el rol de Alfredo de La Traviata en el Teatro Real de Madrid. El tenor estadounidense se considera un afortunado. Instalado en Madrid desde mediados de junio ha estado preparando el rol de Riccardo de Un ballo in maschera, que debutará este septiembre en el Real.

El tenor estadounidense Michael Fabiano está inmerso en un periodo de cambio de repertorio relegando los papeles más líricos y añadiendo nuevos roles de tenor lírico pleno y spinto. El 18 de septiembre debuta el primer nuevo personaje de esta nueva temporada, Riccardo de Un ballo in maschera en el Teatro Real de Madrid, donde en julio pasado protagonizó siete de las 27 funciones de La Traviata programadas por el coliseo lírico madrileño. Frente a muchos de sus colegas, Fabiano ha logrado subirse a un escenario para cantar ópera cuando la mayor parte de los teatros líricos permanecían cerrados. “Fui de los últimos en cantar en marzo y he sido de los primeros en volver a un teatro para representar una ópera en julio. Me siento extremadamente afortunado”, confiesa a ÓPERA ACTUAL, y explica que pese a tener que aprender a controlar las emociones para cantar escenas de amor, desamor y muerte a dos metros de distancia, “cuando cantamos en el escenario nos olvidamos de la pandemia”. “En una situación normal las emociones a las que recurres para interpretar un personaje están conectadas con la vida. Si alguien de mi familia enferma o muere, mis sentimientos acaban en el escenario, porque eso hace más real la interpretación. Con la pandemia, cuando Violeta me decía en la escena final ‘Acércate… y escucha, amado Alfredo’ tuve que recurrir a todas las personas que durante la pandemia no pudieron visitar a sus familiares enfermos ni despedirse de ellos cuando morían. Esto ha hecho que las funciones de La Traviata me resultaran extremadamente emotivas”.

ÓPERA ACTUAL: ¿A qué se ha dedicado durante los meses de confinamiento?

Michael FABIANO: He hecho mucho ejercicio, he logrado perder 20 kilos; he creado una empresa de tecnología que ha diseñado una aplicación que se llama Resonance y que ayuda a los músicos a encontrar trabajo; he asegurado mi fundación ArtSmart, que ofrece clases gratuitas de música a niños en edad escolar en riesgo de exclusión social y me he divorciado de mi marido. El proceso de divorcio empezó hace un año y justo terminó durante los meses de confinamiento. ¡Se acabó! Ha sido muy duro, más duro para mí que la Covid-19.

ÓA: ¿Aprovechó también el confinamiento para estudiar los nuevos roles que irá incorporando esta temporada a su repertorio?

M. F.: Sí. El primero será Riccardo de Un ballo in maschera, con el que abro la temporada del Teatro Real ahora en septiembre, y luego Cavaradossi de Tosca, que debutaré en mayo de 2021 en la Ópera de París y que también cantaré en el Teatro Real en julio de 2021. Y he seguido trabajando en los nuevos papeles durante estos meses que he estado en Madrid, donde decidí quedarme al terminar las funciones de La Traviata, porque si regresaba a Estados Unidos probablemente no habría podido volver. Ahora tengo trabajo aquí y no puedo arriesgarme. Mis próximos compromisos están en Europa.

ÓA: ¿Cuáles son a su juicio los retos vocales y dramáticos del rol de Riccardo de Un ballo in maschera?

M. F.: Para mí es uno de los grandes papeles para tenor. Llevo preparándolo desde hace tiempo. Creo que Ballo es una de las tres mejores óperas de Verdi y este papel uno de los mejores roles para tenor escritos por él, quizá el mejor… Bueno no, quizá Don Carlo es mejor, pero sin duda, Riccardo es uno de los grandes personajes verdianos para tenor. Es muy apropiado para el estado actual de mi voz. Y pese a que tiene notas más agudas que el Alfredo de La Traviata, la tesitura es un poco más baja y se adapta mucho mejor a mis condiciones vocales actuales. Lo mismo sucede con el Rodolfo de Luisa Miller, también con una tesitura muy central y cuando llegan los agudos la aproximación al passaggio es diferente. Es por eso que dejé de cantar el Duque de Mantua, porque el passaggio está en una tesitura más alta, más peligrosa para mí y que me expone a sufrir problemas. En casa practico ese passaggio, pero no en el escenario.

ÓA: ¿Y por qué cree que Riccardo, pese a ser uno de los mejores roles para tenor escrito por Verdi, no es un personaje tan popular como otros creados por él?

M. F.: Quizá el problema de esa menor popularidad de Un ballo in maschera radica en el hecho de que es una ópera que necesita un reparto de cuatro grandes cantantes. Para Don Carlo se necesitan seis cantantes; en cambio, Traviata y Rigoletto solo necesitan tres. Eso hace que Ballo y Don Carlo sean óperas que se programen menos porque son más costosas.

ÓA: Después de Riccardo y Cavaradossi, ¿prepara algún nuevo papel para debutar?

M. F.: Sí, pero no puedo contarlo, es un supersecreto. Tengo proyectos maravillosos para el futuro, cosas que tienen sentido y que la gente espera que cante.

ÓA: ¿Cómo prepara los nuevos personajes? ¿Los trabaja solo o con un coach?

M. F.: Siempre trabajo con diversos coaches, unos cinco, dependiendo de su disponibilidad y del lugar del mundo en que esté en ese momento.

ÓA: ¿Su voz está evolucionando de la manera en que había previsto?

M. F.: Mi voz cambia constantemente. Hay algunos cantantes, como el caso de Alfredo Kraus, que cantó 20 papeles en toda su carrera y siempre fueron los mismos. Era un tenor extraordinario, su voz nunca cambió. Pero mi voz ha cambiado con respecto a cuando tenía 27 y 28 años. Navegar en este cambio significa mucho trabajo, pensar mucho, mucho estudio. Es mi responsabilidad adaptarme a los cambios de mi instrumento. En todo caso, el color de mi voz apenas ha cambiado desde que empecé hace 14 años, pero la voz se ha movido y mi zona de passaggio también ha cambiado.

ÓA: ¿Tiene algunos papeles que le permitan mantener la flexibilidad de la voz?

M. F.: Sí. Alfredo de La Traviata es perfecto para ello. No es mi personaje más feliz, porque no creo que Alfredo sea un gran rol. Lo canto por motivos de salud vocal, porque me obliga a ser más técnico. También está Edgardo de Lucia di Lammermoor, que fuerza a mi instrumento a ser delgado. Estos dos roles son esenciales para mí. Me gustan los papeles de personajes emocionales, apasionados, pienso que mi voz da lo mejor sí cuando los interpreto, fluye de manera natural.

Verdi es fundamental para conseguir un gran canto

ÓA: Cita constantemente óperas verdianas, ¿qué significa Verdi para usted?

M. F.: Significa bel canto pleno y técnica. Cantar personajes de Verdi es educación para la voz. También significa pasión para el público y dependiendo de qué rol, también para mí. La posibilidad de cantar bellas líneas, de explorar grandes palabras. Para mi Verdi es fundamental para conseguir un gran canto.

ÓA: ¿Cree que en el futuro añadirá más y más roles verdianos a su repertorio?

M. F.: Por supuesto. Prácticamente todos.

ÓA: ¿Se ve cantando Otello?

M. F.: Uno no busca estos personajes, son ellos los que te buscan a ti. Cuando llegue el momento en el que esta ópera tenga sentido en mi vida, la cantaré.

ÓA: Tiene ahora solo 36 años, pero ya lleva 14 años de carrera cantando en los principales teatros del mundo. ¿Cómo lo lleva?

M. F.: 14 años cantando es una carrera significativa. Espero poder seguir otros 14 años o incluso más, pero eso requiere estudio continuo, aprendizaje. Y ahora la voz sube y baja, el instrumento es como un océano de olas. La carrera de un cantante no es nunca una línea recta. Hay curvas, pendientes, montañas, hay que tratar de que la línea siempre sea ascendente. Incluso cuando personalmente te encuentras descendiendo y estás arriba y abajo continuamente hay que tratar de que la línea siempre sea ascendente.

ÓA: ¿Cómo superó la presión de debutar muy joven en importantes escenarios?

M. F.: Cuando empecé estaba todavía muy verde. Con 22 años gané las Metropolitan Opera National Council Auditions en el Met de Nueva York, con esa edad debuté en el Carnegie Hall y a los 23 en La Scala de Milán. La presión era inmensa. Un joven talento resulta fascinante para el público y para la prensa. Ahora es diferente, soy mayor, aunque todavía siga siendo joven, pero tengo experiencia y sé lo que es importante y lo que no. Mi obligación es conmigo mismo, con la música y con el público, eso es lo importante. Cuando tengo el apoyo de mi asistente, de mi coach, de mi familia, soy mejor cantante que cuando estoy solo. Trato de tener siempre a mi lado a la persona apropiada, al equipo apropiado para poder dar lo mejor de mí al público, aunque tenga problemas como me ha ocurrido en los últimos 15 meses con el proceso de divorcio que he vivido.

ÓA: Como cantante joven que todavía es, ¿de qué manera cree que la ópera puede atraer a los jóvenes a los teatros?

M. F.: Es algo en lo que pienso mucho. Hay diversas maneras de hacerlo, pero primero hay que entender cómo el público consume espectáculos actualmente, una forma completamente diferente a como lo hacía hace 20 años. Actualmente se consume televisión a la carta en plataformas de streaming como Netflix y eso ha hecho aparecer a los binge-watch, gente que consumen maratones de series y que son capaces de verse 20 episodios seguidos. Los patrones de consumo han cambiado, se han arraigado entre los jóvenes, pero el mundo de la ópera no se ha adaptado. Consumimos series y programas de televisión que imitan la vida real, pero ¿cómo producimos ópera? Pienso que hay que hacer producciones escénicas que conecten con la vida real. Si no somos capaces de ofrecer al público una experiencia interesante cuando va a ver una representación operística, no sobreviviremos. Ver una bella producción operística no es por si misma una experiencia; lo sería asegurarse de que el público vivirá un espectáculo suplementario antes y después de la función.

ÓA: ¿Esta reflexión es igual de válida para Europa como para Estados Unidos?

M. F.: Europa es diferente con respecto a Estados Unidos, porque el concepto de cultura es diferente. En Europa es un poco más fácil que en Estados Unidos. Los cantantes debemos ser accesibles para el público y estar disponibles antes o después de la función. Hacer que la ópera sea una experiencia especial, como lo es poder saludar a tu cantante favorito. Hay que vender experiencias. No podemos hacer las cosas como las hacíamos hace cien años.

ÓA: ¿Cree que los teatros de ópera se están adaptando a estos nuevos patrones de consumo?

M. F.: Algunos lo intentan. Europa, en general, va por delante de Estados Unidos en creatividad y grandes ideas para la ópera. Además, en Europa el Estado participa subvencionando el arte, en Estados Unidos eso no sucede. Los jóvenes en Estados Unidos quieren vivir experiencias, no quieren ir solo a ver una ópera de Wagner que dura cuatro horas y que cuando termine deberán irse a casa. El público joven es completamente diferente del que lleva 20 años yendo a la ópera. Los jóvenes desean otras cosas. Creo que el antiguo Met de Nueva York, antes de instalarse en el Lincoln Center, era un ejemplo. Los dos últimos pisos del viejo teatro tenían puertas que se abrían y cerraban constantemente y la gente podía entrar y salir libremente a lo largo de toda la representación. Formaba parte del espectáculo. Como amante de la ópera puede no gustarme esta opción, porque el foco no está puesto en la ópera, pero estamos hablando de que la ópera pueda sobrevivir un siglo más. Debemos hablar de un ecosistema musical que ofrezca al público la mejor experiencia posible, porque la ópera no es solo una representación.

ÓA: Afirma que Europa va por delante de Estados Unidos en creatividad, ¿por qué cree que eso es así?

M. F.: Hay varios factores. En primer lugar, en Europa, aunque depende del país y de la ciudad, las entradas para la ópera en general son más económicas y por tanto más accesibles que en Estados Unidos. Es más rentable ir a la ópera aquí que en mi país. Los estadounidenses siempre dicen que en Europa la opera está subvencionada y que por eso las entradas son más económicas, pero yo no puedo aceptarlo. Si conseguimos que el público vea que ir a la ópera significa vivir una experiencia única se venderán más entradas y estas podrán tener precios más accesibles. En segundo lugar, Europa tiene más teatros per cápita que Estados Unidos, lo que significa una ventaja estructural, y además, el conocimiento del arte y la cultura forma parte de la conciencia de la media de la población europea. Arte, Cultura y ópera están más presentes en Europa, eso significa que la sociedad americana debe trabajar más para potenciar y promover estas artes y ello significa una inversión en marketing y promoción. Por su parte, Estados Unidos ofrece más desgravaciones fiscales para las donaciones a la ópera. Creo que tanto en Europa como en Estados Unidos podríamos hacerlo mucho mejor.

ÓA: ¿Cree que la ópera en streaming es una oportunidad para atraer más público al género?

M. F.: Creo que es buena manera de promocionar la ópera como género, pero no creo que sirva para atraer a nuevo público a los teatros líricos. Para atraer a un público nuevo es mejor ofrecer espectáculo y experiencias, como he dicho anteriormente. ÓA

Espíritu emprendedor

De su primer e inconcluso año como estudiante de administración de empresas en la Universidad de Michigan, a Michael Fabiano le quedó el espíritu emprendedor y  entre 2014 y 2015 formó un equipo para crear una empresa tecnológica con la finalidad de crear una aplicación para que los músicos pudieran encontrar ofertas de empleo de último minuto. Como muchos empresarios antes que él, el proyecto acabó en fracaso, pero de esa experiencia surgió ArtSmart, una iniciativa educativa que ofrece clases de música a niños en edad escolar en riesgo de exclusión social en Estados Unidos y a la vez ofrece trabajo a los músicos. “Se trata de una organización sin ánimo de lucro, que cuenta con un millón de dólares de presupuesto procedente de donaciones y que persigue no solo desarrollar las habilidades musicales de los jóvenes, sino también empoderarlos y darles la confianza suficiente para que puedan graduarse”, explica el tenor. Convertido hoy en todo un éxito, ArtSmart dio paso a un nuevo proyecto en 2018. Fabiano no había olvidado su anterior fracaso empresarial y con un nuevo socio y un equipo renovado empezó a trabajar en una nueva aplicación destinada a los músicos llamada Resonance que se ha materializado finalmente durante los meses de confinamiento por la Covid-19. La aplicación permite a los músicos crear sus propios perfiles profesionales para acceder a trabajos tanto de último minuto como a contrataciones e incluso a pagos rápidos.  * L. M.

 

Libertad de cantar y volar

De su primer e inconcluso año como estudiante de administración de empresas en la Universidad de Michigan, a Michael Fabiano le quedó el espíritu emprendedor y  entre 2014 y 2015 formó un equipo para crear una empresa tecnológica con la finalidad de crear una aplicación para que los músicos pudieran encontrar ofertas de empleo de último minuto. Como muchos empresarios antes que él, el proyecto acabó en fracaso, pero de esa experiencia surgió ArtSmart, una iniciativa educativa que ofrece clases de música a niños en edad escolar en riesgo de exclusión social en Estados Unidos y a la vez ofrece trabajo a los músicos. “Se trata de una organización sin ánimo de lucro, que cuenta con un millón de dólares de presupuesto procedente de donaciones y que persigue no solo desarrollar las habilidades musicales de los jóvenes, sino también empoderarlos y darles la confianza suficiente para que puedan graduarse”, explica el tenor. Convertido hoy en todo un éxito, ArtSmart dio paso a un nuevo proyecto en 2018. Fabiano no había olvidado su anterior fracaso empresarial y con un nuevo socio y un equipo renovado empezó a trabajar en una nueva aplicación destinada a los músicos llamada Resonance que se ha materializado finalmente durante los meses de confinamiento por la Covid-19. La aplicación permite a los músicos crear sus propios perfiles profesionales para acceder a trabajos tanto de último minuto como a contrataciones e incluso a pagos rápidos.

"Cuando cantamos en el escenario nos olvidamos de la pandemia"

Michael Fabiano

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